jueves, 10 de marzo de 2016

¿Usas muchos diminutivos en el micrófono?

(Revisión del artículo "Los diminutivos" publicado el 14 de abril de 2012)

Todo lo que voy a escribir aquí es subjetivo, y no intento molestar ni ofender a nadie, pero me veo en la obligación moral de hacerlo como locutor y oyente. Sé que no hay ley alguna que prohíba el uso de los diminutivos en los medios de comunicación como no la hay que obligue a usarlos constantemente. Par mí el uso excesivo del diminutivo es directamente proporcional al nivel de ridículo que hace el que los utiliza (lo siento).

Pero pongamos un ejemplo para verlo más claro. Un/a locutor/a se dirige a su audiencia:
Buenos días, ¡Qué mañana más soleada tenemos! ¿Qué tal gente? Luce un sol radiante y el termómetro de nuestra ventana marca los veinte grados. Para comenzar la jornada que os parece si escuchamos un canción de una chica francesa que nos cuenta cosas interesantes sobre la vida de las tortugas en cautiverio. Marta Marceau y su tema: “Mi tortuga Lulú”…

Es una forma más o menos tópica y que se podría escuchar, cualquier mañana, en infinidad de emisoras.
Pero la cruda realidad es otra (póngase tono de terror para leer este párrafo). En muchísimas emisoras el ejemplo anterior, se escucharía así:
Buenos diítas, ¡Qué mañanita más soleadita tenemos! ¿Qué tal gentecita? Luce un solecito radiante y el termómetrito de nuestra ventanita marca los veinte graditos. Para comenzar la jornadita que os parece si escuchamos un cancioncita de una chiquita francesa que nos cuenta cositas interesantes sobre la vida de las tortuguitas en cautiverio. Martita Marceau y su temita: ”Mi tortuguita Lulú”. ¡Ay, perdón!: “Mi tortuga Lulú”.

Ya sé que esto es como predicar en el desierto y que no cambiará mientras no haya manifestaciones por las calles con pancartas del tipo: “Abajo la reforma laboral y abajo los diminutivos en los medios” o “Cárcel para el que diga dos diminutivos seguidos”, “Los diminutivos no nos representan”, " No a la caza del elefante ni al exceso de diminutivos en la radio", etc…

Para buscar conclusiones a tan complicado asunto, analicemos el caso en profundidad. Esta es la definición de diminutivo:
Los diminutivos son afijos derivativos que modifican el significado de una palabra, generalmente un sustantivo, para dar un matiz de tamaño pequeño o de poca importancia, o bien como expresión de cariño o afecto. En ocasiones pueden tener un sentido despectivo, según el contexto.

Si como comunicador mediático vamos a hablar sobre un tema importante, no podemos decir (me guío por la definición anterior) que vamos a hablar sobre un temita importante, porque le estamos “dando un matiz de pequeño o de poca importancia”, entramos en una contradicción y no creo que ese sea nuestro propósito. Vale, sirve para expresar cariño o afecto pero los besos y los abrazos también son manifestaciones de cariño y no estamos dando 20 besos y abrazos por minuto, salvo que hayamos intimado mucho y no creo que sea el caso con varios miles de oyentes (¿Te imaginas… eh…, bueno, dejémoslo).

Por otro lado, se supone que nuestra audiencia es heterogénea y nos podemos encontrar gente que nos conoce y gente que no, gente joven o un señor de 70 años y claro, a lo mejor no produce el mismo efecto un diminutivo en un adolescente que en un señor entrado en años. Recuerda que ambos son igual de importantes.

Pero mi reflexión va más allá ¿El uso excesivo de los diminutivos mejora nuestra comunicación? ¿Hay algún estudio científico que lo acredite? ¿Ganamos más audiencia usándolos?¿Hay avalanchas de peticiones de los oyentes que los demanden? ¿Nuestra vida carecería de sentido sin ellos?

Cuando leo que Paquirrín se ha vuelto “youtuber” o escucho a Raphael haciendo versiones en inglés, me hago la misma pregunta ¿Por qué? ¿Qué necesidad había?

Yo, a mi hija, le digo a veces “Cielito” y lo voy a seguir haciendo, pero no estoy todo el día “Cielito, tomate la cenita, ponte el pijamita, lávate los dientecitos y métete en la camita que te voy a contar un cuentecito”. De hacerlo, a lo mejor la volvía tontita. Los logopedas recomiendan a los padres no decir palabras en diminutivo como “regalito”, “neverita”, “zapatito” porque un niño con problemas de lenguaje tiene dificultad para decodificar y al escuchar estas palabras será mucho más difícil pronunciarlas.

En mi opinión el uso excesivo de diminutivos en el micrófono es una moda que algún día pasará (o eso espero) y como tantos otros defectos de los locutores nace de imitar a otros compañeros. Habrá alguien que al leer esto dirá “pero es que yo en mi comunicación cotidiana los uso mucho”. Vale, pero su uso excesivo no es correcto. Lee de nuevo la definición y analiza tu forma de comunicar. Recuerda que el comunicador profesional debe exigirse hablar con corrección. De acuerdo que yo defiendo la naturalidad pero si en el lenguaje cotidiano cometemos errores, hemos de corregirlos si queremos dedicarnos a esto.

Adiosito


jueves, 22 de octubre de 2015

LA INFLUENCIA DEL ENTORNO (revisión del artículo publicado el 22 de octubre de 2012)

Si tengo que elegir uno de los peores enemigos que tiene la evolución profesional del locutor, sin duda me quedo con la influencia del entorno. Y me voy a referir sólo al mundo de la locución o al de los profesionales que hablan ante un público porque es el campo que conozco, aunque podría ampliarlo a otras profesiones artísticas: cantantes, actores, etc.
A quién no le gusta que tras terminar un trabajo le regalen un “¡Qué bien lo haces!” un “¡Qué bueno eres!” o un “¡Te ha salido genial!”…
Querido/a amigo/a, aterriza. Si todos esos “bienes, buenos o geniales” fuesen ciertos, te saldrían los trabajos y el dinero por las orejas y me temo que no es tu caso… ni el mío.
Tanta adulación es comparable a los comentarios que leemos en las redes sociales cuando un amigo/a reconocidamente feo/a cuelga una foto de su último viaje en el que aparece con su pareja igualmente poco agraciada. Debajo de la foto se suceden un montón de ¡¡Guapossss!! ¡¡Qué bien estáis!!  Guapíiiiisiiimoss!! ¡Da gusto veros! ¡Qué dos bellezas! ¡Parecéis modelos de revista!... La pregunta es: ¿Alguien de verdad escribe lo que siente?
O cuando una amiga cambia la foto de su perfil  por una en la que, a todas luces, sale de un horroroso que da repelús verla y los comentarios son del tipo: ¡Qué guapa estás! ¡Esta foto me gusta más que la anterior! ¡Cómo has mejorado! ¡Estás monísima!... si supieras lo que piensa la mayoría cuando escribes esas cosas…

(Pincha sobre la foto para ampliarla y leer los comentarios)

Durante más de una década dirigí un estudio de grabación dedicado principalmente a las grabaciones musicales. Fueron muchas las ocasiones en que chicos/as jóvenes, animado/as por el boom de Operación Triunfo o similares, venían al estudio para grabar una maqueta con la intención de enviarlas al programa o para mandarla a un productor que les había prometido la gloria. Solían venir acompañados de “público entregado” (madres, padres, novias, novios, hermanos, cuñados, vecinos, etc.) Este “entorno” les motivaba hablándoles de fama, de qué peinado les iban a hacer o qué ropa se iban a poner  para el cásting, de lo lejos que iba a llegar, de lo mucho mejor que eran que Bisbal o Chenoa, etc.
Ahora que ha pasado el tiempo, y esperando que ninguno se dé por aludido, puedo decir abiertamente que, casi todos,… cantaban como avutardas en celo.
Mientras grabábamos una toma, los acompañantes no paraban de repetir “¡Qué buena voz tiene!, ¡qué bien canta!, ¡qué bien se mueve!, ¡Qué guapo/a es!”… Después de grabar una toma “penosa” y soportar los “¡bravo!, ¡qué bien! o ¡inmejorable!” de su gente, intentábamos de todas las formas y maneras, a veces con delicadeza y otras directamente, que se dieran cuenta de las numerosas ocasiones en que habían desafinado… Imposible: el 99 % no detectaba ningún desafine respaldados por sus incondicionales padres, parejas o hermanos que además creían que les intentábamos engañar. En alguna ocasión nos llegaron a amenazar por si traficábamos con la grabación… ¿? Cómo me recuerda a aquella época este video:



Mucha gente cuelga cosas en las redes sociales esperando al comentario adulador, el piropo, el halago. Parece como si necesitáramos alimento para engordar nuestro ego. 
Y no me parece mal siempre y cuando el impacto que te produzca no pase de ahí. Si después de publicar una grabación tuya o de ponérsela a tu novia/o, o a tus padres, sólo recibes halagos…
…déjalo pasar, cuenta hasta diez, piensa en otra cosa o si no, escucha la grabación y busca los errores que seguro que los habrá. Pero por encima de todo, NO TE LO CREAS.
La crítica más acertada que te pueden hacer sobre un trabajo tuyo no la vas a encontrar en ninguna red social. El consejo experto sobre cómo mejorar, o el análisis real de cómo lo haces ante el micro no va a venir de tu novia/o, o de tus padres o de tus amigos. Primero porque en la mayoría de los casos no tienen criterio suficiente para juzgarte (no es su obligación) y segundo porque les es imposible ser ecuánimes. ¡Ojo! Hay contadas excepciones y en ese caso son las mejores opiniones que te pueden llegar.
¿Qué podemos hacer?
Lo ideal sería tener total confianza con un compañero/a de profesión a quien poder hablar con franqueza y honestidad exigiéndole que el/la lo haga contigo. Una persona con la que no exista rivalidad, sólo (y es muchísimo) apoyo y colaboración mutua. Una persona que conociendo tu profesión te diga cuándo lo haces bien o mal, en qué has fallado o en qué has estado brillante. Así tendrías la visión profesional de tu trabajo y saldríais beneficiados los dos. Creceréis juntos.
Si además encuentras cerca de ti a alguien que pueda darte la opinión justa desde el lado del oyente/espectador, sería el complemento ideal. Una persona de tu entorno más cercano (familiar o amiga) pero que conozcas lo suficiente como para saber que no te va a adular y que será capaz de valorar si lo que haces está bien o mal y que tendrá el valor de decírtelo.
Es muy importante saber de quien proceden las opiniones para tenerlas en cuenta o no.
Pero por encima de todas, está la tuya propia. La mejor ayuda a tu trabajo es la autocrítica bien entendida. Tú debes de ser la primera persona que valore tu trabajo. No puedes dar por terminado una grabación mientras no te convenza primero a ti. Tienes que escucharte como si fueses otra persona, analizando la entonación, el ritmo, la velocidad, las pausas, el montaje si lo hay, etc. Y si tienes dudas, recurre sólo a alguien en quien confíes y sepas que te va a decir la verdad.
Desgraciadamente (para ellos/as) en esta profesión hay muchas personas creen hacerlo bien cuando la realidad es bien distinta. En la mayoría de los casos, la culpa es del entorno.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Converter Wonderful Voices Premium

Me gusta mi profesión. Soy locutor y he mencionado en muchas ocasiones que la profesión de locutor es vocacional. Al menos yo no la entiendo de otra forma. Pero por el tipo de trabajo que desempeño en la actualidad, el de locutor online, echo de menos aspectos que tengo que cubrir cuando me queda tiempo libre. Por eso en cuanto puedo le doy rienda suelta a la creatividad y me lanzo sin red a ver qué sale. Y a veces… surgen cosas que me gustan y suelo compartir y a veces… otras que son auténticos bodrios que, como tengo un cierto pudor, destruyo sin miramientos. Este verano “he profundizado” en el maravilloso mundo de la teletienda y he trabajado sobre un milagroso producto para arreglar la voz de la gente que está insatisfecha con la suya. El Converter Wonderful Voices Premium. Y la verdad es que me he divertido.


lunes, 23 de febrero de 2015

Cómo convertir un microrrelato en un audio relato

La semana pasada se celebró en el colegio de mi hija la “semana de la cultura”. Dentro del completo programa de actos su profe me pidió que, al igual que otros padres, participase con alguna actividad relacionada con mi profesión. Tras barajar varias opciones, decidimos proponer a los chicos una actividad que quiero compartir con vosotros porque creo que puede ser un interesante ejercicio de creatividad. La idea en síntesis es crear un micro relato con el objetivo final de convertirlo en un audio relato.

Vaya por delante que ni soy escritor, ni experto literario, ni nada que se le parezca. En la práctica del colegio de mi hija la parte de redacción era responsabilidad del profesor y la mía se ceñía a lo que conozco, el montaje de sonido y la locución, que para algo es a lo que me dedico desde hace muchos años. Repito que el objetivo era crear una pieza sonora a partir de un microrrelato que para los chicos debía de  ser original pues esto implicaba una práctica de redacción supervisada por su maestro.  Pero para el ejercido que os propongo aquí es perfectamente válido un microrrelato escrito por otra persona aunque considero que el resultado final es más gratificante si el texto está creado por uno mismo.

En fin, os invito a disfrutar con la elaboración de un formato sonoro que me parece muy interesante y en ningún caso voy enseñar cómo se crea un microrrelato.


Esta práctica se divide en tres partes bien diferenciadas:
  1.    . Creación o elección del microrrelato
  2.    . Localización o creación de efectos y grabación de las voces
  3.    . Montaje

Creación o elección del microrrelato
Para explicarle a la clase de mi hija cómo llevar a cabo la práctica, decidí hacerlo sobre un ejemplo que es el que voy a compartir aquí:
En primer lugar hay que inventar una pequeña historia cuña lectura no supere el minuto de duración. Es importante tener en cuenta al escribirla, o al elegir una que ya esté escrita, que el objetivo final es convertirla en sonido y por lo tanto debe de incluir unos elementos que faciliten ese propósito: personajes, sonidos determinados, música, etc.
Inicialmente escribo la historia sin detallar personajes ni otros elementos sonoros aunque ya los tengo en la cabeza. Este es el microrrelato que a mí se me ocurrió:

Lucía era una niña de 10 años a la que le encantaba escribir historias. Lo mismo imaginaba un comienzo en una fría noche de tormenta, con rayos y truenos,… que en una expedición en lo más profundo de la selva perseguida por un tigre… o en un aeropuerto a punto de coger un vuelo con destino a Paris. Pero siempre que empezaba a escribir… su madre le llamaba para cenar… y sus historias desaparecían.

En segundo lugar reviso el texto y hago una “adaptación teatral” dando vida a los personajes y modificando levemente el texto original. Así ya tengo creado “el guion literario”:

Guion literario

Narrador: Lucía era una niña de 10 años a la que le encantaba escribir historias…

Lucía:       Era una fría noche de tormenta, con rayos y truenos
                  No mejor… “Me encontraba de expedición en lo más profundo la selva 

                  cuando escuché a pocos metros el rugido de un tigre…”
                  Uhm no, A ver así… “Ella se encontraba en el aeropuerto a punto de 
                   coger su vuelo con destino a Paris cuando por la megafonía 
                   anunciaron…”

Madre:      Lucía a cenar

Lucía:       Jo Mamá. Así no hay quien invente una buena historia.

Por último y antes de proceder a la grabación de las voces crearé el guion técnico-literario en el que incluiré los textos de los personajes y el resto de elementos sonoros que intervienen en la historia (efectos de sonido y música). En esta ocasión he elegido el formato europeo que consiste en diferenciar en columnas el apartado técnico y el literario. En la columna de la izquierda escribiré cronológicamente los diferentes elementos que intervienen en el audio relato y cómo lo hacen (volumen, intensidad, duración, etc.) y en la columna de la izquierda los textos de los personajes coincidiendo cada uno con el efecto o música que le corresponde.

Localización o creación de efectos y grabación de las voces
¡Ya tengo el guion! Ahora ya puedo empezar a crear mi audiorrelato. Tengo que buscar los efectos de sonido que necesito. Los puedo localizar en una librería de efectos o si no dispongo de alguno, agudizo el ingenio e intento crearlo yo mismo. En muchas ocasiones el sonido que produce un objeto doméstico se asemeja mucho a algunos de los difíciles sonidos que necesitamos crear.
Para este ejemplo, necesito efectos de tormenta con rayos y truenos, efecto de selva y rugido de tigre, ambiente de una terminal de aeropuerto y un efecto de disco rayado.
Voy a tener suerte porque los localizo rápidamente en la librería de efectos que tengo en el estudio. También he decidido que suene una música al principio para dar comienzo al microrrelato. He escuchado unas cuantas y ya he seleccionado una canción.
Y por fin, llega el momento de grabar las voces. Si has creado o elegido un microrrelato con varios personajes, tendrás que pedir la colaboración de alguna persona o atreverte a “desdoblarte” y leer tú todos los textos con diferentes voces. En esta ocasión para el ejemplo que nos ocupa he contado con mi hija a la que agradezco muchísimo que participara pese a su notable resfriado y por supuesto a su madre que interpreta una frase muy similar a la que utiliza todos los días a la hora de la cena (no le faltaba entrenamiento).


Montaje
Llegamos a la última parte de esta práctica. Se supone que ya hemos grabado todas las voces, hemos localizado y, si es necesario, grabado todos los efectos y tenemos preparada la música.
En este punto conviene dejar claro algo importante: Hoy en día el locutor profesional necesita saber utilizar un software multipistas o, dicho de otra manera, necesita saber hacer montajes de audio con diferentes elementos. Hay muchos Programas en el mercado y todos tienen seguidores y detractores (Adobe Audition, ProTools, Cubase, Sonar, etc.). Si aún no los utilizas elige el que más te guste, o el que más te aconsejen, y aprende a manejarlo. 

El locutor profesional debe de ser versátil ante el micrófono pero también en la parte técnica. Si queremos dar un servicio completo y de calidad hemos de dominar todo el proceso de una grabación. Por eso, doy por hecho que sabes manejar un programa de edición, pero que también sabes un programa multipistas y deseo que tú con tu creatividad hagas un fantástico montaje. Para mí el montaje es un arte donde interviene la creatividad, la sensibilidad y por supuesto la experiencia y los conocimientos técnicos. Un buen montaje depende de pequeños detalles, de la mezcla de volúmenes, del comienzo o el final de determinados elementos sonoros. En ocasiones el resultado óptimo depende de mover un milímetro uno de los sonidos o de subir o bajar un decibelio  alguna pista. Espero que la propuesta os sirva para practicar.

Éste es el que yo utilicé para la práctica en el cole de mi hija:

viernes, 13 de febrero de 2015

Día Mundial de la radio ¿Qué hay que celebrar?

Día Mundial de la radio ¿Qué hay que celebrar,...
...que echen a la calle a brillantes compañeros de reconocido pretigio por discrepancias ideológicas,...
...que se manipule a la audiencia desde las emisoras públicas imponiendo el criterio de los partidos gobernantes,...
...que se cierren emisoras pequeñas por falta de medios debido a la crisis,... 
...que cada vez haya menos puestos de trabajo que cubrir,... 
...que los sueldos de los profesionales están congelados a la baja,...
...que cada vez haya más profesionales en paro...?
¿Qué hay que celebrar?
Celebremos que a pesar de todo, la radio sobrevive y la seguimos amando. Sólo eso.